El futuro de la fenomenología pasa por poner unas nuevas bases para reorientar la actividad humana causante de la actual crisis ecológica

María-Luz Pintos



Introducción

Este asunto que aquí se nos sugiere pensar en realidad está co-implicando directamente dos asuntos: en primer lugar, la fenomenología husserliana y, en segundo lugar, el futuro de ella. Sin embargo, sólo podemos hablar del futuro de la fenomenología si tenemos claridad sobre qué es y cuál es la función de la fenomenología en el propio Husserl. Y sólo podremos pensar “en el futuro” si partimos del presente actual en el que estamos viviendo como personas y no ya como fenomenólogos. El futuro siempre es futuro de un presente, y, en nuestro caso, se trata de este presente en el que estamos en esta fecha de primavera del año 2007. El filósofo, como fenomenólogo y, antes, como persona, únicamente puede plantearse el futuro desde el presente actual en el que todos estamos inmersos. Por tanto, en mi desarrollo sobre “el futuro de la fenomenología husserliana” tomaré como inexcusable punto de partida la situación de nuestro mundo hoy. Y esta situación no es otra que la de una profunda crisis ecológica a nivel del planeta. Al día de hoy, y desde hace tan sólo unos meses, por primera vez hay consenso entre los científicos y por primera vez éstos hablan abiertamente no ya de “cambio climático” –el cual ha estado siempre ligado a la historia del planeta– sino de que estamos asistiendo a una “aceleración” del cambio climático y de que éste es un factor determinante en esta crisis ecológica. Después de muchos años de debate, los científicos han llegado a la conclusión de que esta aceleración del cambio climático no tiene una causa “natural” por detrás, sino que más bien está ligada a la “actividad humana”, es decir, a cierta orientación de la actividad humana y, por tanto, a una causa enteramente “cultural”. Esta actividad humana causante del actual deterioro del planeta es la propiciada desde la cultura occidental. Como sabemos, nuestra cultura occidental está toda ella centrada en ciencia objetivista-tecnología-industria-consumo. La finalidad máxima de las sociedades occidentales es, desde hace unos dos siglos, la de vender y comprar/consumir. Todo lo que compone nuestro planeta (mundo inorgánico y mundo orgánico: vegetales, animales no humanos y animales humanos) es visto exclusivamente desde el prisma de esta finalidad. Y, lamentablemente, esta finalidad hoy está sirviendo de modelo para el resto de las sociedades y reproduciéndose a escala mundial.

Pues bien, este tipo de actividad humana occidental sólo es posible porque se apoya en una determinada noción conceptual del ser humano:

a) Por una parte, nuestra cultura siempre ha estado vinculada a una interpretación de la realidad y a una auto-interpretación de nosotros que son ambas antropocéntricas y especistas: la especie humana se tiene a sí misma por soberana y por centro del planeta y sus intereses como especie son para ella los únicos importantes y que hay que tener en cuenta frente a los de las restantes especies animales y vegetales y frente a la naturaleza. Los humanos occidentales nos consideramos a nosotros mismos los únicos “sujetos” y, por tanto, los amos de todo el planeta frente a todos los demás seres, los cuales son meros “objetos”, algo, pues, tan “otro” y tan ajeno a nosotros que no hay ningún problema moral en el hecho de que los explotemos, de que los maltratemos cruelmente infligiéndoles sufrimientos innecesarios, de que los exterminemos como especie, etc.

 b) Por otra parte, nuestra cultura siempre ha estado empeñada en ahondar en las diferencias dentro de nuestra propia especie en vez de buscar puntos de conexión, es decir, algo común a todos los humanos. Por lo general, esta tendencia a buscar diferencias tiene como objetivo implícito apuntalar a nivel conceptual prácticas de desigualdad de trato. Si los humanos no somos todos iguales ontológicamente hablando, unos podemos ser más valorados que otros y, por tanto, la desigualdad de trato se deriva de esta asimetría por sí sola. Normalmente esta asimetría ha sido ejercida desde el punto de vista del individuo varón, occidental, adulto, bien posicionado socialmente y cristiano. Nuestra tradición ha considerado a aquellos individuos no varones, no pertenecientes a la cultura occidental, no de raza blanca, no adultos, y no cristianos, de otra categoría más baja: como no “sujetos” o como no plenamente “sujetos”.

Únicamente podremos cambiar el comportamiento que los humanos occidentales tenemos hacia los animales no humanos, y hacia todos aquellos otros humanos que en nuestra actualidad están malviviendo o llevando una vida indigna ante nuestras miradas indiferentes, y únicamente podremos entrever otro futuro distinto a nuestro presente actual y a nuestro pasado, si previamente cambiamos nuestro modo de valorar a unos y a otros. En mi opinión, sólo dejando de verlos como “objetos” frente a nosotros, los “sujetos”, seremos capaces de valorarlos más. Y, sin duda, cambiar nuestra valoración hacia ellos, pasando a considerarlos como “sujetos”, con los derechos que de ello se derivan, favorecerá un cambio en nuestro modo de comportarnos hacia ellos. Y, entre otras cosas, este cambio implicará cuidar más nuestros ecosistemas para evitar situaciones ecológicas negativas para los vivientes que en ellos habitan (destrucción del manto vegetal, contaminación atmosférica, contaminación y derroche del agua, urbanizaciones salvajes por doquier, etc., etc.). Por tanto, se trataría de lograr esta sucesión de cambios: en las ideas, en los valores, en la conducta. De otro modo, la destructiva orientación de la actividad humana que está por detrás de la actual aceleración del cambio climático y, por tanto, del deterioro de todos los ecosistemas del planeta y, por consiguiente, de las vidas de una gran parte de los seres humanos y no humanos, nunca será reorientada de forma suficiente hacia una armonía con la naturaleza y con todos los demás seres vivos.

La intervención activa de la fenomenología

Ante esta situación, el futuro de la fenomenología pasa, pues, por adoptar en este momento la misma actitud que adoptó Husserl en su época y por aplicar su método a asuntos tan urgentes y tan actuales como el que hoy define nuestra situación presente. Cuando él elaboró su novedoso método lo hizo a la vista de la situación cultural, científica e histórica de su momento. La actitud husserliana que está en el origen de su fenomenología y que indica cuál es la función para la que ésta nace, fue, pues, la de encarar de frente la crisis cultural y científica y, por tanto, el mal rumbo que entonces estaba llevando la historia de nuestra civilización occidental. Continuando su actitud, a nosotros nos corresponde hoy, como fenomenólogos, encarar la crisis ecológica global en sus causas, ya que es uno de los más grandes problemas que nos acompañarán en este futuro inmediato del siglo XXI. (1) Como sabemos, Husserl comienza su andadura por lo que para él es prioritario: hacer una descripción de aquello en que consiste la vida de todo sujeto humano como existente personal que forma parte de una comunidad cultural concreta. Al hacer esta descripción, Husserl descubre como un rasgo universal de todo humano el que cada uno, desde su nacimiento, vive en lo que él técnicamente denomina “actitud natural ingenua” y que básicamente consiste en tomar como “natural” lo que es únicamente “cultural”. No hay criatura nacida de mujer que no traiga ya consigo esta especie de mecanismo biológico que le permitirá poder integrarse en su comunidad al ir adoptando como normales y naturales los hábitos culturales de pensamiento, de valoración emocional y de comportamiento que rigen en ella. Al hacer la descripción de la “actitud natural” vivida en su momento histórico Husserl descubre y desenmascara como uno de los hábitos de pensamiento-valoración-actuación más definitorios de nuestra cultura occidental el del “objetivismo”. El prejuicio del “objetivismo”, causa primera del mal rumbo de nuestra cultura, más que contemplar sujetos contempla meras entidades psico-físicas, cósicas, algunas de ellas con movimiento animal pero que son, a fin de cuentas, meras cosas u “objetos”. Este prejuicio hace que valoremos a los animales no humanos muy asimétricamente con respecto a nosotros y que los tratemos sin ningún tipo de escrúpulos morales, fundándonos en que ellos no son “sujetos”, sino tan sólo “objetos”, y además, permite que califiquemos de “otros” a los humanos que consideramos que no son tan “sujetos” como nosotros, y que fácilmente incurramos en –o consintamos en– su instrumentalización.

El descubrimiento husserliano del prejuicio del “objetivismo” le hace ver la necesidad de iniciar una nueva actitud científica. Ésta consiste, dice él, en una nueva actitud “para con los humanos y para con los animales [no humanos]”. (2) En Husserl se halla un mensaje ecológico sorprendemente audaz que tendría que ser todo un modelo a seguir en nuestros días: sus textos ofrecen la fundamentación, a nivel ontológico, de una actuación de respeto mutuo de humanos-con-humanos y, también, de humanos-con-no humanos. Hasta donde yo sé, Husserl no escribió ningún texto con un propósito abiertamente “ecologista”, ni ningún texto dedicado íntegramente a la necesidad de tratar con dignidad todas las vidas, incluso las vidas de los animales no humanos. Sin embargo nos ha dejado como legado textos y más textos fundamentando esta nueva actitud y siendo él muy consciente de que la nueva interpretación fenomenológica que promueve lleva a esta nueva actitud ético-política y que no puede llevar a otra. La suya es quizás la fundamentación más radical y comprometida de todas cuantas hay en el ámbito de la filosofía. Y, sin duda, ésta puede ser una de las mayores contribuciones de la fenomenología a la crisis ecológica actual y lo que permitirá que pueda tener cada vez un papel más importante, tanto hoy como en el futuro.

Hoy en día son muchos los intelectuales que, desde diferentes áreas del saber, reclaman la necesidad de una renovación ético-política que alcanzaría nuestras ideas, nuestras valoraciones y nuestra conducta. Pero, en la mayor parte de los casos, su intento carece de una fundamentación ontológico-antropológica que sea suficientemente sólida como para, desde ella, basar con toda evidencia esta necesidad de renovación; quizás porque no es su misión llegar a establecer esta fundamentación. Sin embargo, sí es ésta precisamente la tarea esencial de la filosofía y, desde luego, es la fenomenología la que tiene el método adecuado para lograrla.

Husserl centra esta fundamentación ontológica en lo que tenemos en común unos-con-otros: humanos-con-humanos y humanos-con-no humanos. Todos los que somos una corporalidad viviente animal compartimos, según él, un a priori biológico (3), el cual es el nivel básico en el que todos los animales constituimos sentido (pre-racional). Éste es, por tanto, el nivel en donde se asienta la subjetividad trascendental. Este nivel y esta constitución de sentido son los que nos vinculan y ligan a los individuos de una misma especie y, también, a los individuos de unas especies con otras. Y esto ocurre de un modo tan originario y tan profundo que podemos decir que entre todos los animales (humanos y no humanos) formamos una trascendental intersubjetividad en cuanto a que todos somos (en cada especie a su nivel, pero sin que ninguna deje de serlo) “sujetos” constituyentes de sentido (pre-racional), es decir, sujetos trascendentales. (4) Por tanto, el mensaje ecológico de Husserl que hoy debemos recuperar y seguir ahondando fenomenológicamente es éste: forma parte de la propia naturaleza de los humanos un vínculo originario y trascendental de interconexión intersubjetiva, pre-racional, con las otras especies animales y, por supuesto, de interconexión intersubjetiva con todos los integrantes de la especie humana (con independencia de su edad, sexo, época a la que pertenecen, Lebenswelt concreto, y demás características concretas que cada uno tenga). (5)

Reconocer esta ligazón entre unos y otros supone estar fundamentando ontológicamente, desde la animalidad que es nuestra esencia, una actitud ecológica de trato respetuoso para con todos los seres vivos, humanos y no humanos y, así, se pone una base sólida y evidente para un cambio de valores y de comportamientos. Y, viceversa, no reconocer esta ligazón entre unos y otros seguirá favoreciendo en nosotros una valoración asimétrica y, por tanto, un trato poco digno de los demás seres vivientes, humanos y no humanos, y la consiguiente continuidad de una actividad humana devastadora de todos los habitats del planeta. Y, en esto, la responsabilidad de la fenomenología actual y futura es evidente.


Notas

(1) Es Lester Embree quien define la etapa de la fenomenología en la que nos encontramos como la Vª etapa, caracterizada porque en ella estamos haciendo “fenomenología continuada” al adoptar como nuestra nuevamente la actitud de Husserl y aplicar su método a asuntos y problemas de nuestra actualidad para análisis fenomenológicos y no meramente “eruditos” o “fenomenológicos”. Cfr. el “Prólogo para instructores” en su libro Análisis reflexivo. Una primera introducción a la investigación fenomenológica / Reflective Analysis. A First Introduction into Phenomenological Investigation, Morelia: Jitanjáfora, 2003.  Y cfr. también, y sobre todo, la “Introducción” a su libro Fenomenología continuada. Contribuciones al análisis reflexivo de la cultura, Morelia: Jitanjáfora, 2007. Tales asuntos actuales para hacer esta “fenomenología continuada” pueden ser el feminismo, el extranjerismo, nuestra relación con los animales no humanos, la ecología, la bioética, etc.
(2) Cfr. “Actitud científico-natural y científico-espiritual. Naturalismo, dualismo y psicología psicofísica”, en La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Barcelona: Crítica, 1991, p. 320.
(3) Husserl habla de este “a priori biológico”, por ejemplo, en el Beilage XXIII a La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, en la nota a pie de página número 2.
(4) Cfr. Javier San Martín  “La subjetividad trascendental animal”, Alter 3 (1995), p. 405. Por mi parte, siguiendo a Husserl he trabajado fenomenológicamente este asunto de que los animales no humanos son “sujetos” trascendentales en los siguientes ensayos: “La recuperación de la animalidad. Utilidad y aplicabilidad de la fenomenología a los cien años de su surgimiento”, en César Moreno  / Alicia Mª de Mingo (eds.) Signo. Intencionalidad. Verdad. Estudios de Fenomenología, Sevilla: Sociedad Española de Fenomenología / Universidad de Sevilla, 2005, pp. 369-388; “Animal Life and Phenomenology”, en Steven Crowell, Lester Embree, Samuel J. Julian (eds.), The Reach of Reflection: Issues for Phenomenology’s Second Century, Center for Advanced Research in Phenomenology: www.electronpres.com, 2001 (co-autor: Javier San Martín);  “Los derechos de todos los seres vivos a la luz de la fenomenología”, Investigaciones Fenomenológicas. Revista de la Sociedad Española de Fenomenología 4 (2005) 99-115: http:www.UNED.esdpto_fim/invFen4/portadaInvFen_4.html; “Cuestionamiento y redefinición de los viejos conceptos de intersubjetividad e interculturalidad. Fenomenología en el siglo XXI”, ponencia en el VII Congreso Internacional de Fenomenología: “Interculturalidad y conflicto”, celebrado en la Universidad de Salamanca en abril de 2004 (en prensa); “Humanos, inhumanos e non humanos. Fundamentación fenomenolóxica da conexión interespecies”, en P. S. Alves, J. M. S. Santos, A. Franco de Sá (eds.), Humano e Inhumano. A dignidade do homem e os novos desafios, Lisboa: Centro de Filosofía da Universidade de Lisboa (en prensa); “Nuestra relación con los animales no humanos. Desenmascaramiento de prejuicios y necesidad de un cambio de conceptos, valores, comportamientos y leyes”, Pensamiento Garcilasino. Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2 (2006); “La antropología filosófica: una obligada mirada hacia los demás seres vivos”, ponencia presentada en el VII Congreso Internacional de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica, celebrado en la Universidad de Sevilla en septiembre de 2006 (en prensa).
(5) Cfr. María-Luz Pintos, “Buscar la unidad por debajo de la diferencia. La contramoda de la fenomenología”, en Jacinto Choza, Octavi Piulats (eds.), Identidad humana y fin de milenio, monográfico en Thémata. Revista de Filosofía 23 (1999) 287-292.